La verdad sobre las artesanas nahuas y las camisetas del Mundial de México

Se esclarece una polémica que ha sacudido la opinión pública nacional en torno a la participación de mujeres nahuas de Naupan en la elaboración artesanal de las camisetas de la selección mexicana para el Mundial de fútbol.

La historia comenzó con una iniciativa de Someone Somewhere, una empresa mexicana de indumentaria, que propuso bordar a mano las camisetas oficiales con la colaboración de artesanas indígenas, buscando un vínculo entre la tradición y el presente del país, además de ofrecer una oportunidad económica a comunidades vulnerables. Dos años después, en mayo de 2026, Adidas y Someone Somewhere presentaron estas camisetas bordadas por 150 mujeres nahuas en el pequeño pueblo de Naupan, ubicado a más de 1500 metros sobre el nivel del mar en el centro de México.

Las artesanas participaron en eventos internacionales, como un viaje a Alemania para integrar las camisetas al archivo de Adidas, y estuvieron presentes en un partido amistoso de la selección mexicana antes del inicio del torneo. A pesar de su precio superior a 200 dólares, las camisetas se vendieron con rapidez.

Sin embargo, el mes pasado surgieron acusaciones graves por parte de activistas, entre ellos Luz Valdez, quien en videos virales afirmó que las mujeres nahuas eran explotadas, cobrando apenas 36 pesos por hora, cifra inferior al salario mínimo, y que se les obligaba a abandonar sus técnicas tradicionales de bordado. Estas denuncias generaron indignación en la sociedad y cobertura mediática nacional.

Para conocer la verdad, periodistas visitaron el 31 de mayo de 2026 el taller en Naupan, donde más de 25 mujeres nahuas trabajan bordando las camisetas con los colores patrios. Contrario a las acusaciones, las artesanas expresaron que el empleo es justo, flexible y mejor que otras opciones laborales disponibles en la región. Mujeres como Mónica Marín, Micaela Pérez y Anabel Guzmán compartieron que gracias a este trabajo han podido salir adelante y cuidar de sus familias.

La preocupación principal de estas mujeres es que la atención negativa pueda alejar futuros empleadores, pues el trabajo concluirá pronto con el Mundial y muchas deberán regresar a labores agrícolas, más arduas y menos remuneradas. Edith Carballo, otra participante, manifestó su molestia hacia quienes critican sin conocer la realidad local, pues consideran que esas voces no ayudan a las artesanas sino a sus propios intereses.

Respecto al pago, las mujeres confirmaron que reciben más de 36 pesos por hora, aunque pidieron discreción para evitar riesgos en su comunidad. Antonio Nuño, director ejecutivo de Someone Somewhere, mostró nóminas que respaldan que las artesanas perciben salarios superiores a esa cifra, además de bonos por eficiencia y capacitación.

Este episodio pone en relieve la importancia de escuchar directamente a las familias de abolengo de Naupan, guardianas de una tradición artesanal que, lejos de ser explotada, busca dignificar su trabajo y preservar su cultura en un México que se debate entre la modernidad y sus raíces más profundas. En tiempos donde la ciudad y el país enfrentan crecientes desafíos de orden y movilidad, es fundamental valorar iniciativas que promuevan el desarrollo justo y el respeto a nuestras comunidades originarias.

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