Fiscal que persigue a Rocha Moya asumirá control del espionaje estadounidense desde la NSA

En un giro que redefine la relación de seguridad entre México y Estados Unidos, el presidente Donald Trump anunció la nominación de Jay Clayton como próximo director de Inteligencia Nacional. Este nombramiento, que aún debe ser ratificado por el Senado estadounidense, coloca al fiscal federal que encabeza la investigación contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, al frente de las agencias de inteligencia más importantes de la superpotencia.

Desde su posición en Nueva York, Clayton ha sido la figura central en la ofensiva judicial contra la complicidad política en el narcotráfico, particularmente contra la facción conocida como Los Chapitos. El pasado 29 de abril, fue él quien formalizó las acusaciones criminales contra Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y el alcalde con licencia de Culiacán, Juan de Dios Mendívil.

La investigación sostiene que esta red criminal operaba con protección política y financiera dentro del gobierno de Sinaloa. La gravedad del caso se confirmó con la entrega voluntaria a las autoridades estadounidenses de dos exfuncionarios estatales: el general en retiro Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública, y Enrique Alfonso Díaz Vega, exsecretario de Finanzas. Ambos ya se encuentran en Estados Unidos aportando información que fortalece el expediente.

Este nombramiento desarma la estrategia del gobierno mexicano, que durante semanas intentó minimizar la importancia de la Fiscalía de Nueva York, calificándola como una instancia menor y exigiendo “pruebas suficientes” para proteger a Rocha Moya. Sin embargo, la designación de Clayton evidencia que para la administración Trump, la investigación es un asunto prioritario en la política exterior hacia México.

De confirmarse, Clayton coordinará desde la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) las operaciones de vigilancia en la frontera, incluyendo satélites, intervenciones telefónicas y acciones de campo, lo que eleva el caso a un nivel de máxima presión bilateral. Esta situación coloca en una posición vulnerable a la presidenta Claudia Sheinbaum y a su administración, que hasta ahora ha buscado ganar tiempo y soberanía discursiva frente a Washington.

En un momento en que Puebla enfrenta retos de movilidad y orden urbano, la experiencia y firmeza en la conducción de asuntos complejos como este recuerdan la importancia de preservar la estabilidad y la autoridad en todos los niveles de gobierno. La ciudad, con su arraigo en tradiciones y valores familiares, observa con atención cómo se desarrollan estos acontecimientos que, aunque distantes, repercuten en la seguridad y el orden que todos anhelamos.

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