Explotación laboral en Naupan empaña colaboración de Adidas con bordadoras nahuas para la Selección Mexicana

La reciente colaboración de Adidas para la confección del jersey alternativo “Artisan JSY” de la Selección Mexicana ha quedado envuelta en un escándalo que revela condiciones de explotación laboral y desvío de recursos públicos en Naupan, Puebla.

Aunque la marca alemana presentó este proyecto como un ejemplo de comercio justo, testimonios de las bordadoras nahuas y personas cercanas a la operación han destapado una realidad muy distinta. Las artesanas fueron sometidas a un sistema de maquila coercitiva a través de la empresa intermediaria Someone Somewhere, una startup mexicana fundada por egresados del Tecnológico de Monterrey.

La promotora cultural y creadora de contenido Luz Valdez fue quien dio a conocer los detalles de esta red de abusos. Explicó que Adidas aceptó la producción tras el temor de ser sancionada en redes sociales por polémicas previas relacionadas con la apropiación cultural. Para proteger su imagen, la multinacional delegó la gestión con las artesanas poblanas a Someone Somewhere, que prometió encargarse de toda la logística para evitar que la marca se viera afectada.

Una de las primeras irregularidades fue la apropiación ilegal de la Casa de la Cultura de Naupan, un inmueble público que fue transformado en planta de producción para cumplir con las estrictas auditorías de infraestructura que exige Adidas. El equipo corporativo pintó fachadas, instaló mobiliario, redes de internet y un reloj checador para controlar las entradas y salidas de las costureras, configurando un presunto desvío de recursos públicos con fines comerciales.

En este espacio, más de 150 artesanas trabajaron jornadas intensas con solo una hora para comer y sin prestaciones de ley. Además, se documentó el desabasto constante de insumos básicos en los sanitarios y el incumplimiento de un seguro médico privado remoto que la empresa presumió en sus reportes, bajo la falsa premisa de que en Naupan no existen clínicas del IMSS.

Los pagos a las bordadoras fueron raquíticos, oscilando entre 25 y 36 pesos por hora, a pesar de que las prendas alcanzan precios comerciales de hasta 5 mil pesos en tiendas. Las mujeres debían entregar un mínimo de dos jerseys terminados por cada cinco horas de trabajo. Luz Valdez denunció que este esquema permitió a Someone Somewhere retener un margen de ganancia neta entre el 60 y 72 por ciento de los ingresos globales.

El departamento de control de calidad castigaba económicamente cualquier variación en las puntadas o fruncido de las telas; si un jersey era rechazado, las artesanas debían rehacerlo sin pago adicional, descontando el material de sus percepciones acumuladas.

Desde el punto de vista cultural, la especialista Tatiana Bernaldez calificó el proyecto como un “atropello”, pues las marcas eliminaron la técnica ancestral del “pepenado de hilván”, propia de la Sierra Norte. Al no superar el bordado tradicional las pruebas de calidad en Hong Kong, las indígenas fueron forzadas a aprender técnicas ajenas a su cosmogonía, como el punto francés y el punto de arroz, para acelerar la producción.

La presión por cumplir con las fechas de entrega provocó que decenas de costureras abandonaran el taller y buscaran trabajo externo para otra marca del Mundial que ofrecía 400 pesos por pieza. Al conocer esto, directivos de Someone Somewhere despidieron a las inconformes y las obligaron a firmar contratos de exclusividad que les prohíben confeccionar cualquier artículo de Adidas durante cinco años, bajo amenaza de demandas legales cuantiosas.

Luz Valdez reveló que Someone Somewhere no

Leave a comment

0.0/5