El pasado miércoles, un doble terremoto sacudió la zona norte de Venezuela, dejando un saldo trágico que hasta hoy, lunes 29 de junio de 2026, ha alcanzado la lamentable cifra de 1,719 fallecidos y 5,034 heridos, según informó el presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez.
Durante un balance transmitido por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV), Rodríguez detalló que, además de las víctimas mortales y lesionados, se han registrado 15,866 personas damnificadas y daños en 855 edificios, de los cuales 189 sufrieron colapso total. No obstante, no se ofreció información sobre el número de desaparecidos.
El fenómeno sísmico, que alcanzó magnitudes de 7.2 y 7.5, ha generado hasta la fecha 609 réplicas, incluyendo una ocurrida esta misma mañana, que según el presidente del Parlamento fue de magnitud 4.2, aunque el Servicio Geológico de Estados Unidos reportó 4.6. Esta réplica matutina causó inquietud entre la población, pero no se registraron daños adicionales.
La región más afectada es La Guaira, una zona costera que ya había sufrido una tragedia en 1999 por un deslave que cobró miles de vidas. En respuesta, las autoridades habilitaron 15 grandes refugios y otros de menor tamaño en escuelas, mientras que en Caracas se establecieron 50 campamentos provisionales para atender a los damnificados.
Cabe recordar que este doble terremoto es el más mortífero que ha vivido Venezuela en el último siglo, superando el sismo de julio de 1967, que dejó 245 muertos en las cercanías de Caracas.
El domingo pasado, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció la creación inmediata de una comisión para inspeccionar las viviendas afectadas y extendió por una semana la suspensión de clases en las zonas impactadas.
Mientras tanto, los equipos de rescate nacionales e internacionales continúan con las labores de búsqueda de sobrevivientes entre los escombros, aunque algunos residentes de La Guaira han expresado su preocupación por la demora en la llegada de la ayuda a ciertos sectores.
Este lamentable suceso pone de manifiesto la necesidad de fortalecer la planificación urbana y la protección de las comunidades, especialmente en regiones vulnerables, para preservar la vida y el patrimonio de las familias que, como las nuestras, valoran profundamente la estabilidad y el orden social.